Un montón de comentarios de pescado

Recetas de Pescado. El pescado es muy saludable para la gente e imprescindible en una dieta equilibrada. Cocinándolo bien es muy ligero, para que sea una cena perfecta o un poco más elaborado para ocasiones de encuentros o especiales. Azul, blanco, fresco o congelado, prueba nuestras Recetas de Pescado. Tipos de Recetas de Pescado Hoy traemos una receta de pescado para thermomix, hoy vamos a hacer una merluza rellena con una deliciosa mousse de gambas . Bacalao con nata con thermomix . En este post le mostramos otra manera deliciosa de presentar y consumir bacalao, un plato típico de nuestro país vecino Portugal y que poco a poco va ganando espacio en nuestra mesa. Para esta receta, me gusta usar mantequilla sin sal. Quiero poder controlar el nivel de sal cuando se cocina el pescado. Asegúrese de que haya suficiente líquido (mantequilla o jugo de limón) para cubrir 2/3 del costado del pescado mientras cocina. Termine esta receta con un toque de flor de sal o un toque de sal marina. Un montón de pescado no cobrar por una membresía básica y tiene usuarios a nivel mundial, así como en Canadá. Un miembro básica permite que el miembro para buscar otros, y enviar y recibir mensajes. Este sitio se enorgullece de ser un sitio de citas gratuito para las personas de todas las edades para hacer frente a. Sin comentarios. 01 septiembre 2020, 10:01 ... te mostramos los siete pescados con más proteínas y un montón de recetas saludables incluirlos en tu dieta. ... Es un pescado muy preciado y de ... Un poco de pan rallado. Pimienta blanca. Caldo de pescado. Para el caldo de pescado: Espinas y/o cabezas de pescado, sirven las de la merluza, o bien si tenéis congeladas, de algún otro día. 1 zanahoria. 1 puerro. Agua. Para la Bechamel que la hago a ojo y no tengo cantidades: Mantequilla. Harina. Leche entera a temperatura ambiente. La harina de trigo sé a ciencia cierta que no lleva trazas de pescado, quizá de otros cereales sí, porque en los cultivos todo puede mezclarse.Después en los cribados de la fábrica, si dichos cereales tienen un peso o volumen similar al grano de trigo pueden colarse en la molienda. Fritura de pescado de temporada, uno de los mejores platos del verano. Preparar una fritura de pescado perfecta es fácil de conseguir, lo importante es elegir productos de calidad y el pescado más fresco.. Normalmente suelo comer las frituras de pescado en los chiringuitos de la playa frente al mar pero con estos tiempos que nos tocan vivir durante la pandemia y no poder viajar de momento me ... Estos tacos, fritos en un sartén, se aderezan en una mezcla de harina sazonada con comino, paprika, pimienta roja y molinillo de sal ahumada de McCormick (¡que le da un increíble sabor ahumado!). Estas especias añaden muchísimo sabor, sin tener que cargar el taco con un montón de ingredientes adicionales. Después se terminan con un acompañamiento perfecto para el pescado: una Mayonesa ... La carne de la lubina es suave y sabrosa, por eso se la considera un pescado de lujo, pues su calidad es alta y es difícil encontrarla en otros pescados.La podéis encontrar salvaje y de ...

La familia en Alto Maullín (part2-final)( nosleep)

2020.07.21 06:04 scaredwifey La familia en Alto Maullín (part2-final)( nosleep)

Cuando acabé mi trabajo al día siguiente se me había hecho tarde, lloviznaba y estaba oscureciendo, pero aún así el Sr. Manuel, el chofer de ambulancia, cuidador y ocasional guardia del hospital estaba esperándome pacientemente junto a la camioneta de visitas, su parka descolorida bien abrochada dejando ver sólo unas colitas del delantal blanco que usaba a diario con tanto orgullo. Era un honor trabajar en el hospital, para la mayoría de la gente del pueblo: en mi inconsciente juventud, una crítica leve que hice al encontrarme con el equipamiento antediluviano del laboratorio al llegar me había costado la antipatía del personal más antiguo, que creía a patas juntas que un mechero Bunsen era lo más científico de la científico. Me habían perdonado supongo cuando empecé a traer computadores y apilar más exámenes, pero nunca iba a ser popular gracias a la antipatía de la vieja que era supuestamente mi asistente. El Sr. Manuel era uno de los más simpáticos funcionarios antiguos que había encontrado, y era quien me había ayudado a rescatar a uno de mis perritos, así que teníamos algo de lo que hablar.
- Cómo está el Remus, señorita?- me preguntó mientras me subía a la camioneta con su cruz al frente ( sí, era tan antigua que tenía el símbolo de la cruz roja, no AMBULANCIA escrito. La versión anterior había sido tirada por bueyes)
- Está poniéndose gordito, señor Manuel.- le dije, pero antes de que él pudiera echar a andar el motor, alguien se apoyó en mi ventana y di un salto con una colorida puteada en voz alta. Bajo la llovizna estaba la asistente social, una mujer diminuta que vivía en el pueblo hacía cincuenta años ( pero que aún era considerada " de fuera" por haber nacido en Talca, vaya) en la que a veces veía mi futuro, porque era soltera y por eso mismo considerada algo excéntrica.
- Qué necesita, Srta Raquel?-
- Vas a ir a ver a los Schwerter? Dicen que se va a poner feo el temporal más rato. Y no hay necesidad de que vayas, ya irá la ronda, si avisamos por teléfono a la posta!-
- Y si el cabro tiene una embolia, Srta Raquel? Preguntaron si tiene eritema o hematomas...?- pregunté, pero la verdad la mujer no me escuchaba. Había algo en su cara, algo raro y aprensivo, y aunque nunca había oído nada malo sobre ella me pregunté si acaso no quería que viera en qué estado vivían esa familia: si iba a repercutir sobre su reputación como asistente social si yo los encontraba en mal estado, si quizá tenía miedo de un sumario si yo destapaba alguna situación de abuso o abandono. Pero luego se me ocurrió que me miraba con lástima.
- Mira, si algo pasa, lo traerán al hospital, pero no hay ninguna necesidad de que vayas, es más de una hora, y tampoco es tu función...- insistió, y su mano muy huesuda emergió del montón de chales que usaba para agarrar mi parka mojada.- ... en realidad no deberías...-
Lo único que podía oír, es " a quién le importa que a un niño retrasado mental y con enfermedades genéticas se muera". Pues me importaba a mí, diablos.
- No me quedaré tranquila si no voy.- le dije secamente y me volví a la camioneta. Juraría que le oí un comentario de " Es porque eres tonta" cuando nos íbamos en la camioneta, pero mientras salíamos del pueblo y tomabamos el camino asfaltado que nos llevaba hacia el oeste, el Sr. Manuel me habló.
- La señorita Raquel se preocupa, sabe. Ustedes los del Laboratorio siempre están encerraditos, no tienen porqué ir a ver cosas feas.-
- Pero si estoy encerrada con una.- le dije, a lo que el chofer soltó la risa, porque detestaba a Katy y era su cuñada.
- Es que la gente al otro lado del río, los Schwerter, los Nikleschek... son gente rara, señorita. Son así desde que llegaron en los tiempos de mi abuelito. Unos iban a robar y a hacer cosas malas al pueblo cuando era nuevo... dicen cosas muy feas de ellos. A lo mejor por eso Diosito los castigó y les mandó tantos hijos enfermitos. Hay como dos nomás que son normales... una niña que se fue a estudiar y no volvió más y el chico Schwerter ese que dicen que va a heredar todo...-
- Si tienen algún dinero deberían tener algo mejor para cuidar a esos niños. No tienen un casa en el pueblo, más cerca del hospital?- le dije, agarrándome del marco de la puerta, porque tras un poco de asfalto, el camino se volvía tierra. La lluvia había parado un poco, y seguíamos los restos de lo que alguna vez había sido un camino apisonado, pero ahora estaba lleno de hoyos: y aunque sólo podías ver bosques de pinos de las forestales en todas direcciones, a veces veías las ruinas de una casa, un tejado roto, ladrillos rojizos entre el verde. Antes del terremoto del 60, habian tenido fábricas, y había ido en camino de ser un pueblo grande. Aún había interés en algunas de sus casas antiguas medio abandonadas en el pueblo: a mí me habían ofrecido una para arrendar cuando estaba buscando, con nueve dormitorios y dos pisos, un hoyo en el techo sin reja. (Dije no gracias)
- No se puede tener a esos niños en el pueblo, no sabe? Son peligrosos. Pueden ser muy violentos. Por eso la señorita Raquel no quería que fuera, señorita. Yo voy a entrar con ustedes porsiaca.- dijo, ceño fruncido. Estuve a punto de decirle que no necesitaba ayuda para controlar a un chico de ocho años, pero recordé que en mi práctica, al hacer un tiempo de sangría, una chiquita de nueve había visto su sangre y se había vomitado inmediatamente como el exorcista sobre mí, mi profesora y sus padres, y cerré la boca.
Nunca había estado en ese camino, y cuando el bamboleo ya parecía capaz de volcarnos, divisé un puente sobre el río barroso que llegaba al pueblo. A la altura del pueblo no era más que un canal barroso, de un color chocolate rojizo, lento y espeso: aquí era torrentoso, espumante, borboteando tanto que daba la ilusión de que hervía. Había un gran puente de cemento partido al medio, con barandas bajísimas, a un costado, cargado de líquenes: lo que atravesamos para cruzarlo era uno de esos puentecitos mecanos de metal que son casi una jaula, que te dejan mirar el agua debajo tuyo entre los barrotes de un modo enervante. Cuando atravesamos, fue como si se hiciera de noche de repente y se largó una lluvia intensa: a pesar de los limpiaparabrisas, no sé cómo el Sr. Manuel podía ver adónde íbamos. No hablamos más, porque necesitaba concentrarse en la conducción: y era poco más que una huella de bueyes lo que seguíamos, arriba y arriba, lo que se sentía raro porque esa zona de la décima region es bastante plana. Pero entre la oscuridad y el barro de repente vi unas luces amarillentas, y al fin dos postes de luz de neón naranja, que aparentemente le daban luz a la casa entre ambos.
El señor Manuel se estacionó y yo me quedé paralizada con la mano en el vidrio empañado. No sé qué me había imaginado, pero no era eso. No parecía un pueblito de posta: había visitado algunos en mi internado, pequeñas parcelas alrededor de colegios rurales y algún minimarket colorido. No, esto más que un pueblito, era una casa: una sola casa. Tenía varios edificios, grandes y sombríos: parecían galpones, un bungalow abandonado, unas mediaguas en círculo, más atrás otra casa con las ventanas tapiadas y pintadas. Conté al menos nueve estructuras, varias de ellas con vidrios rotos, recubiertas con plásticos, techos hundidos, pasto en todas direcciones. No sé cómo se habría visto con luz de sol, pero esa noche de tormenta cubierta de barro y bajo esa luz naranja era algo siniestro, con sombras negras como el carbón, y yo, con mi bolsita con tubos y mi botellita de sulfato de cobre, me sentía muy chiquita de repente.
Pero, diablos, había venido a ver a ese niño y lo iba a hacer. Me bajé de la ambulancia, hundiéndome hasta medio pie en el baro espumoso, y caminé a lo que parecía la mediagua más cercana, con el Sr. Manuel detrás. Había luz, esa luz amarilla de las ampolletas antiguas en varias de las estructuras, y sombras se movieron, como si mucha gente se asomara al verme pasar: pero no veía a nadie, y cuando llamé " Aló!" mi voz sonó muy delgadita.
Un GONG me hizo saltar. No había visto una campana grande, extrañamente lujosa y muy anticuada, sostenida por una mano de bronce, que colgaba amarrada con una cuerda del poste de cemento de la luz, que el Sr Manuel hizo sonar. Lo miré bastante descolocada, pero él estaba muy serio, y cuando volví a mirar, vi que de una de las mediaguas salían dos mujeres altas y gruesas, a las que no conocía. Puse mi mejor sonrisa de profesional, y luego me pregunté porqué diablos me había espírituado tanto: la mayor de las mujeres, con el pelo blanco ya, un vestido de lana y un especie de chubasquero encima me sonreía, y la segunda, una mujer de mediana edad con pelo muy rubio y cara arrugada pero simpática, traía media sopaipilla en la mano.
- Buenas noches. Perdónenos por molestar. La señorita es la tecnóloga del hospital, y se preocupó porque le salieron malos los exámenes a uno de los niños. Como no está el doctor quizo venir...- explicó el Sr Manuel, a lo que me pregunté si lo de la llamada de la posta había sido mentira o qué, porque deberían haber sabido que veníamos. Pero las dos mujeres asintieron, y la mayor hizo una mueca mientras me hacían gestos para que me pusiera a salvo de la lluvia, en el techito sobresaliente de su casita.
- Miren que amable... que linda es la señorita... pobre señorita, con esta lluvia venir para acá...-
- Quisiera ver a... Adrián.- dije yo, revisando mi agendita.- Donde está? Sus exámenes son malos, debería estar hospitalizado...-
- No, su mamá lo sabe cuidar, está arriba ya...- dijo la mayor, su voz calma. Por un momento pensé que hablaba del cielo y que el niño se había muerto, pero luego caí que señalaba la casa detrás de las mediaguas, que se veía oscura, enorme, y tenía al menos tres pisos. Alguna vez debía haber sido una casa bastante señorial, pero era prácticamente una ruina.
- Lo tienen ahí arriba?- dije con horror, porque parecía que el lugar no sólo se llovía, sino que parecía abandonado.
- Es que necesitan más espacio.- dijo la primera señora en un tono dulce.- Y como llueve tanto no pueden jugar afuera...-
Traté de sonreír, pero seguro era como una mueca.- Puedo verlo?-
- Pero si él estará bien ya, su mamá lo trató...-
- Me gustaría verlo.- insistí, ya un poco irritable: no me había dado semejante paseo para irme contenta con ese comentario. Por sobre mi cabeza, pesqué una mirada sombría de la vieja con el Sr. Manuel, que fue a la ambulancia, y sacó una linterna enorme, y para mi espanto, una ganzúa de metal.
- Yvonne es la mamá de Adrián?- preguntó, a lo que las viejas asintieron. Echó a andar a la casa sin decir nada más, y yo troté detrás suyo, tropezándome en los charcos.
- Para qué es eso?- exclamé alarmada.
- Es uan casa vieja, pueden haber ratones.- me dijo con esa voz que yo ya identificaba como Es Usted Una Niña De Ciudad Estúpida.
- Ah.- dije, idiotamente. Tras las mediaguas, la casa era realmente muy grande, y tenía literalmente encima unos robles que habían crecido hasta apoyar las ramas en los techos. Parecían ser tres pisos y un ático, y seguramente alguna vez había sido grande y bonita, pero ahora era una horripilancia, y toda parecía ser del mismo color barroso.
No había puerta: la entrada era una arco de cemento goteante. Lo seguí por un piso de cemento encharcado, pero aún sin linterna nos habríamos podido guiar: la casa no tenía luz, pero el resplandor naranjo del exterior entraba bien a través de ventanas y puertas arrancadas. En lo que debía haber sido la sala, había pasto de medio metro de alto y lo que parecían una hojas de plantas de papas. me mantuve a distancia del pasto, pensando en lo que había dicho sobre ratones- no me dan miedo ni asco: lo que me habría dado pena sería pisar alguno- y al dar una vuelta, encontramos una escalera de ladrillo que era más amplia que la del hospital en donde hice la práctica. Tenía descansillos y todo, pero si alguna vez había estado alfombrada o enlosada, ahora sólo quedaba los ladrillos. Dimos dos vueltas, y me estremecí un poco al ver un largo pasillo totalmente oscuro: pero en la siguiente vuelta, en el piso tres, vi con alivio la luz de unas ampolletas, y lo que parecía un grupo sentados alrededor de un hornillo, de esos de carbón, envueltos en mantas y con tazas de latón enlozado en la manos.
- Yvonne?- llamó el Sr Manuel, y una de las mujeres se volvió. Parecía una anciana, con su poncho oscuro abrigándola. Después iba a enterarme de que tenía mi edad.- Es la señorita del laboratorio...-
- Hola, buenas noches. Yo hago los exámenes en el hospital. Vi el de Adrián y me preocupé. Como no está el doctor con la ronda, vinimos a verlo.-
- Ah, del hospital!- dijo otra de las mujeres, habían unas cinco.- deben tener frío, no quiere un matecito...-
- Cómo le ofreces esa mierda a la señorita fina...-
- Adrian esta arriba con los niños, ya es hora de acostarse.- me dijo Yvonne, y me di cuenta que se tambaleaba un poco. Dios me perdone, mi primer pensamiento fue que estaba borracha, pero la palidez de su piel, y las arrugas en su cara parecían dolor no alcoholismo.- Ya lo atendí, de la posta dijeron... dijeron que de nuevo tenía la sangre espesa?-
- Sí, traje todo para una flebotomía...- le dije, un poco asustada por su rostro algo ido, atontado.- Cómo lo atendiste...?- pregunté, un temor creciente a su gesto perdido.
Se me acercó, y se tropezó con sus propios pies: pero cuando se agarró de mí para no caerse, su cara tan blanca tan cerca, bañada en sudor, me apuntó con la mano, y vi, a la luz de la hornilla, un viejo lechero descascarado, que tenía adentro lo que parecía un machete, y estaba todo rojo.
Soy tecnólogo. Nuestro uniforme en rojo vino precisamente para que no se vean las manchas de sangre. La sangre nos da lo mismo: en las películas, soy la primera en chillar que oigan, ese zombie está super anémico. Pero las gotas dentro de ese lechero viejo me dejaron helada y entonces me di cuenta, porque conozco ese olor a la perfección, que Yvonne olía a sangre.
A mucha sangre.
Retrocedí bruscamente y a ella se le doblaron las piernas. Manuel se lanzó adelante a sostenerla, y entonces vi que el poncho le goteaba oscuro, goteaba en el suelo, sobre mis botas embarradas, y las mujeres se lanzaron también a sujetarla, aunque no se veían realmente preocupadas.
-... deje, si tenías que tomarte el mate primero, señorita no se asuste el que el Adriancito no quería...-
-... No te vas a desmayar por un mordisco de tu hijo, cabra tonta, cuando tenía tres a la vez ahí te quiero ver, me dejaban como chicle...-
- Qué le hiciste a ese niño?- exploté, espantada, tratando de controlar mi voz.- Dónde está?!-
- Está arriba, pero déjelo que bote un poco más de sangre para que se ponga más tratable...- me dijo una de las viejas. Alcancé a oír NO! SEÑORITA! que gritó el señor Manuel, pero agarré mi bolso y corrí al último piso, al ático: y los dejé ahí con la mujer herida, porque todos mis nervios decían que habían hecho algo terrible. Dejar sangrar a un niño? Solo? Qué clase de monstruosidad toleraba esa gente?
No había puerta al final de la escalera: sólo una abertura a una sala enorme, que parecía tener el largo de la casa. La luz no era naranja ya: era de un blanco pálido, lechoso, porque afuera se habían abierto las nubes y había algo de luna entre la lluvia. La sala estaba sembrada de pilares cuadrados, que asumí eran estructurales de la casa.
Y junto a uno de esos pilares había algo encadenado.
Lo único que puedo decir es que la idea de un niño encadenado me volvió loca. Me lancé adelante casi sin mirarlo: estaba dispuesta a pelear con toda esa familia y hasta con el señor Manuel, y dispuesta a cargármelo a la espalda y armar la de Dios hasta llevármelo al hospital, aunque tuviera que defenderlo a puñetazos. Agarré la cadena, que tenía un candado enorme, y empecé a hablar como una histérica, asegurándole que lo sacaría de ahí, que iríamos al hospital, que iba a ayudarlo...
Lo que se dio vuelta y me atacó no era un niño.
Recuerdo una boca enorme, con varias filas de dientes como un tiburón. Recuerdo brazos: brazos huesudos, musculosos, que parecían tener venas como mangueras bajo la piel y que se movían como las patas de una araña: y un sonido ronco, gutural, como el que hace la gente muy vieja o muy loca. era más grande que yo: era como un fardo enorme, que cayó sobre mis piernas, y trepó, y el olor de la sangre se mezclaba con un olor más viejo, como de pescado podrido, intenso, algo tapándome la cara sintiéndose como piel suelta que me ahogaba, y entonces me mordió, y el dolor era como la picadura de una abeja, de muchas abejas, de cientos de abejas subiéndome por el brazo.
Traté de gritar y se me llenó la boca de esa carne suelta: y entonces algo lo arrancó de mí, vi el relampaguear de la linterna, y el señor Manuel le tomó de la cintura como un bulto y recuerdo en flashes, la escalera, la lluvia, el portazo de la camioneta. Me miré el brazo, y me faltaba un pedazo de carne junto arriba del codo. No podía hablar. No podía decir nada. Me tomó un rato, incluso mientras mecánicamente me hacía un torniquete y la camioneta saltaba como una resortera por el camino empapado, darme cuenta que gritaba con toda la voz que tengo sin parar, casi sin respirar, como aúllan las sirenas de incendios.
Parte 1: https://www.reddit.com/Miedo/comments/htt4oo/la_familia_en_alto_maull%C3%ADnnosleep/
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